No cabe duda de que pasamos malos tiempos, en cuanto a economía se refiere. Para incrementar aún más la angustia que llega a muchísimos hogares españoles, hemos sufrido la temida “cuesta de enero”. La cosa se empina y se hace muy difícil llegar a final de mes.
Pero no quiero hacer una entrada triste porque quienes entráis aquí esperáis salir con un buen sabor de boca. Así que, poco a poco, cambiaremos de tema.
Le temo a las carreras porque me producen estrés. Pero cuando se empieza a empinar la cosa, ya puedo llegar a desesperar. Como soy pequeño de estatura, la meta en carreras de montaña la tengo psicológicamente más lejana que los corredores de gran talla. Así que mi estrategia es no mirar al objetivo y tratar de llegar con la mayor entereza posible.
Quienes son altos tienen bastantes desventajas: son voluntarios obligados a bajar objetos de aquel armario, encuentran dificultad para comprar ropa o coche, no pueden pasar desapercibidos entre multitudes… Recuerdo a un jugador del CB Oximesa de Granada, hace muchísimos años, que era alumno mío en una academia de Informática. Cada vez que iba a salir del aula tenía que inclinarse, no ya por no darse con toda la testa en el marco, sino por no quemar sus cejas con el radiador que colgaba sobre el dintel.
Los pequeñines tenemos muchas ventajas: entramos por cualquier sitio, somos difíciles de divisar entre el pelotón, encontramos ropa con facilidad (¡¡¡bueno, yo ya mismo tengo que ir a PréNatal para vestirme!!!)…
Alguna desventaja se tiene: cuando era pequeño escuchaba decir sobre mí:
- ¡Qué niño más mono!
Esta frase no llegué a entenderla hasta que empecé a montarme en autobús a los 14 años y tenía que sujetarme de esa barra horizontal que ponen a inaccesible altura.
Además tenemos un problema cuando vamos a los bares. Como la media de estatura de la población española ha crecido a pasos agigantados en las últimas décadas, los urinarios de pared también se colocan a mayor altura. ¡¡¡Es que los arquitectos son gente de alta alcurnia!!! Ahora viene el problema para los que somos “enanos”. Toda esta tontería viene a que un día, con mi amigo Rafa (otro gigante como yo y que me propuso la idea para este POST), estuvimos tomando unas cervezas. Al volver del servicio me dijo:
- ¡Ve tú, que a mí se me han quitado las ganas!
- ¡Pillín, pillín, que no me has avisado! -le contesto al volver-.
¿Qué se hace en estos casos? Nos montamos uno sobre el otro? ¡Vaya panorama! ¿Nos vamos y lo hacemos en la calle…?
Yo ya tengo la solución: a partir de ahora, además de tener que ir a los bares con el móvil, llaves, cartera, tabaco y mechero (fumadores)… incluiremos el “kit de evacuaciones de emergencia”.
Por llevarlas no es que me importe mucho. Lo peor está en que, recordando aquella película titulada “Eduardo Manostijeras”, pronto me pondrán de apodo “Gregorio Piernaescaleras”.

