Imagen de La Herradura, Granada, zona de sufrimiento veraniegoEste post va dirigido a los queridos lectores y lectoras que no están de vacaciones.
No sabéis cómo estáis disfrutando de vuestro trabajo, sin tener que pasar por las penurias que tenemos que soportar los que estamos de vacaciones.
En estos días de asueto, no hay excusa para no entrenar. Así que, a las 7’30 estamos levantados casi todos los días para darle al cuerpo esa matraca diaria. Después hay que darse un buen atracón para recuperar las energías perdidas. Tras un buen desayuno, toca ir al mercado a comprar. Pescado fresco, ¡con lo bien que estaba uno acostumbrado a no comer pescado o, en su caso, congelado! O buenas carnes y frescas verduras para castigar el cuerpo. Media horita sufriendo en la cocina y es la hora de irse a la playa.
Lejos de disfrutar de grandes densidades de población, aquí en La Herradura, padecemos de la soledad pues la sombrilla más cercana está a unos diez metros. Corre un aire fresco que hace sufrir al cuerpo, con lo a gusto que estaba uno en Granada con su calorcito. Como uno es de culo de mal asiento, hay que ir a tomarse una cervecita antes de comer, ¡con lo fresca que está!
No hay ni un semáforo. Casi nada de tráfico. Una sensación de estar pero sin estar… ¡Cómo se echan de menos esos pitidos y discusiones por las aglomeraciones de coches!
Vuelta a la playa y a leer un rato. Te das un chapuzón y el agua está fresca de más. Ni una sola medusa para entretenerte sacándola a la arena. Alguna gente pobre, de sexo femenino, que no tiene ni para comprarse completo el bikini y se quedaron solo con una pieza, evidente signo de la crisis.
Regresas a casa y has de tomarte otra cerveza fresca y comer. Nuevo sufrimiento echando la siesta. Despiertas y enciendes el portátil para ir preparando algún artículo para publicar en el blog a la vuelta de vacaciones. Regresas a la playa y te das un nuevo baño y echas una partida de cartas con los amigos y familiares. Como la tarde es larga, tienes que regresar a tomarte otra cervecita y ya refresca. No se echa de menos el tener aire acondicionado porque no hace calor. Cenas y te das un paseo acompañado de un helado que te sienta fatal porque la temperatura no es muy alta.
En fin, como veis, lo estoy pasando horrorosamente mal. La especie humana no es tonta. Si las vacaciones fuesen algo positivo, lo haríamos al contrario: trabajaríamos uno o dos meses y estaríamos diez u once de vacaciones. Pero como el trabajo es lo verdaderamente sano, lo organizamos como todos ya sabéis. Para colmo, no sólo tendré que estar 31 días de vacaciones: tendré otros 31 en agosto para seguir pasándolo mal.
Pero bueno, menos mal que esto no es eterno y por fin llegará el 1 de septiembre, volveré y disfrutaré. Será el momento de mi venganza cuando algunos pocos tendrán irremediablemente que tomarse sus vacaciones.
No sigo escribiendo porque me esperan para ir otra vez a la playa. ¡Que viva el trabajo! Os envidio plenamente por esos calorcitos que pasáis, esas diversiones que tenéis poniendo verde al jefe cuando no os oye, esos sofocones que os dan cuando volvéis del trabajo al mediodía con ese sol tan calentito…