(Imagen por cortesía de "Landahlauts")
Nota: este artículo lo redacté en verano y, casualmente, el amigo Landahlauts hace poco tocó el tema. Aunque ya lo programé para que se publicara y cogí una foto de la red, me pareció esta imagen mucho mejor, me puse en contacto con él y me dio el permiso para usarla.
La crisis afecta a nivel mundial y se notan los efectos en múltiples situaciones. Hoy me detengo a analizar en qué medida se ven afectadas las mascotas de algunas familias. La situación para ellas se ha tornado tan insostenible que han tenido que abandonar a su querida mascota. Si ya es difícil mantener a la familia, el tener una mascota se ha convertido en este caso en un artículo de lujo. A una mascota se le puede tomar casi el mismo cariño que a un hijo o hija. Pero cuando hay que apretarse el cinturón y decidir, no es plan de prescindir de la prole.
Pero, por otro lado, nos encontramos con la versión “mascota de lujo”. En efecto, hay personas que tienen un nivel económico tan alto, que se pueden permitir el gusto de darle una vida a su mascota a un nivel insospechable: cinta para que haga deporte, baños con sales, ropa de marca, peluquería, manicura, comida más cara que la que consuma un humano corriente… ¡hasta cama con sábanas de seda!
Hace unos cuantos veranos vimos en la playa cómo una extranjera le daba helado al perrito, usando la propia cucharilla con la que ella lo tomaba. Los helados y dulces no son alimentos de la dieta canina. Así, vemos cómo las mascotas tienen sobrepeso. ¡En un país en crisis! Esto es de locos.
Me parece bien que se cuide a las mascotas pero sin pasarse. ¿Es posible que haya gente que pasa hambre en el mundo mientras una mascota, que no deja de ser un animal por mucho cariño que se le tenga, vive a un nivel de estrella mundial de cine?







