Ya hicieron sus crónicas esos estupendos bloggers que son José Antonio Flores, Jesús Lens y Paco Montoro. Es el turno del cronista local de este acontecimiento.
Las dos noches previas a la carrera no pude conciliar el sueño por la doble presión a la que me enfrentaba: hacer un respetable papel, siendo corredor local y el miedo que me entraba en el cuerpo porque, según el perfil y las condiciones climáticas, tendríamos un pequeño coqueteo con la muerte. Además, tenía la intranquilidad de no haber hecho los deberes últimamente, debido a la acumulación de trabajo a finales de mayo y la lesión de la que aún no me sentía del todo recuperado.

(Momentos previos a la carrera)
Sabedor de lo que se nos venía encima (ahora me doy cuenta de que no es así totalmente), fui advirtiendo a todo el mundo que conocí esa mañana, de la dificultad que nos encontraríamos en los últimos 8 kilómetros. Digo que no es así totalmente, porque de la carretera principal nos desviamos por la antigua, lo cual acrecentó, aún más, la dificultad de esta épica carrera.
Feliz de encontrar a tantísimo corredor en
Lacalahorra, una localidad tan pequeña, pero no menos importante por su trascendencia histórico-artística. Quizás pocos eventos, salvo las propias fiestas patronales, hayan congregado a una multitud de tal dimensión en nuestro pueblo.
Suelo ponerme en medio del pelotón en la salida, pues ésa es una zona a la que aspiramos al final. Esta vez me coloqué en los puestos de cola, para salir conservando un poco. Es el fallo que más adolezco, entre los múltiples que pueden encontrarse en mí como “corredor”: me encuentro con energías iniciales fuertes y voy de más a menos.
Los primeros 13 kilómetros casi los conocía, salvo el camino de tierra que nos lleva hasta Aldeire, el cual carece de una consideración apreciable salvo la de tener un poco de cuidado con las piedras para evitar torceduras. Ya realicé ese trayecto hace dos meses, alcanzando un crono de 1 hora 12’. Por esta nueva ruta, calculo que habría que añadirle otros 3 ó 4 minutos más. El salir rezagado y hablar con gente del pelotón, mantuvo mis pulsaciones en 174-175 de media para los primeros kilómetros. La idea era de no sobrepasar los 172 durante los 13 primeros km, pero en carrera es difícil cumplir los objetivos propuestos. El ritmo no me parecía abusivo y lo fui manteniendo.
El primer repostaje me dio un poco de alas, al ver a nuestra amiga Ana, que me ofrecía la primera botella de agua. Ya comenzaban las primeras rampas, no muy pronunciadas, pero con la frescura de los castaños del Río de Aldeire. Algunos corredores me adelantaban, les advertía que pronto vendrían las dos rampas fuertes y… ¡así fue! Mi escaso peso (53,6 Kg) me dio una pequeña ventaja en estas primeras rampas en las que fui adelantando a algunos corredores. La gran pendiente de kilómetro y medio la hice mirando al suelo, sabiendo que si tu vista se dirige hacia la cima el cerebro empieza a machacarte. Me di cuenta de que un corredor me perseguía y estaba “poniendo la intermitente”. A pesar de que la zona central tenía un mayor cúmulo de piedras, pasé a ella para no entorpecer su marcha. Fueron casi diez minutos “haciendo la goma”. Me adelantaba y yo hacía lo propio, pero por mi propio ritmo, no por los tirones que yo diese, sino por los suyos. Las pulsaciones subieron hasta 182 que fue el ritmo del ascenso.
Llegamos al semillano descendente y apliqué la estrategia planificada: dejarse llevar sin hacer alardes de fuerzas para reservar algo de energía para el final. En el km 10 empecé a sentir un pequeño pinchazo en el músculo isquiotibial, que se mantiene hasta final de carrera. Además, para mejorar la situación, una pequeña grieta en el labio superior me irá molestando durante todo el recorrido. Ritmos de 170-166-172 pulsaciones en 3 kilómetros, bastante cómodos para mí, charlando con otros corredores experimentados que me aconsejaban correr “con cabeza”.
Llegamos al INFIERNO. Entramos en la carretera asfaltada, que es la que mejor conozco pues la he ascendido en sus primeros 8-10 kilómetros un centenar de veces durante veranos previos. Aquí la distancia más corta no es la línea recta, sino el pegarte a los pocos árboles que hay, para protegerte del sofocante astro rey. ¡¡¡Lo que somos capaces de hacer, con tal de ahorrar en bronceador!!!
Ahora viene la sorpresa. Salimos de la nueva carretera y nos adentramos en el tramo antiguo. Una aventura para mí pues no la había recorrido corriendo nunca. En ese cruce, me dice un paisano: ¡Nunca pensé que llegarías hasta aquí! ¡¡¡Una inyección de moral!!!
Repostaje en el km 15, si creo recordar, que te da ciertas alas cuando oyes: ¡Ahí viene el padre de Olga! ¡Preparad una botella para él! A ningún corredor le faltó una botella. En los puntos de avituallamiento líquido había más manos que los componetes de los pequeños “grupetos” que se iban acercando. Pero el que te reconozcan, aunque visite poco Lacalahorra, da un impulso psicológico a tu birria de ascenso que estás haciendo. Ves que aquellos que te preceden detienen su paso de trote cochinero y comienzan a andar. Y dices… Si esos van delante y andan, ¿por qué no hago lo mismo? Por una sencilla razón: la chica que me dio la botella alcanza con su vista mi marcha y no puedo defraudarla por esos gritos de ánimo. Lo dejaremos para después.

(Nuestro atleta local, un monstruo que llegó el 11º)
A pesar de que andan, les recorto la distancia muy lentamente. El sol aprieta e intenta rendir las mentes de los corredores. Llegamos a rampas duras y otro valiente camina. Le pregunto si ha sufrido un tirón y me responde que es su cabeza la que no le permite correr. ¿Le acompaño? No puedo por una razón que os parecerá irrisoria: ¿cómo cuento en mi blog que he hecho parte del trayecto andando? Pues así de fácil. Ninguna vergüenza, pues esto es inhumano. Pero, por otro lado, al recorrer esta montaña previamente, sé que el hacer tramos andando y tramos corriendo te ayuda psicológicamente pero retrasa el crono. Si no se puede, no se puede. Pero… ¿y si se puede? Mantenemos un ritmo que parece ser más lento que caminar. Eso es un engaño de tu cerebro para que te detengas. Lo sé por experiencia propia.
Llego al km 17 y me llevo una desagradable sorpresa. No es el 17 sino el 16. Son 5 los que quedan y no 4. Todo un mundo… ¡y eso que soy de Matemáticas! Mi mente me aconseja por decimocuarta vez que camine. ¿Qué le cuento luego a mi alumnado? Pues a seguir con el ritmo cansino. Me niego a mirar hacia la cumbre pues sería mi perdición. Sí miro hacia atrás, y veo que hay una distancia de 200 metros hasta quien me persigue. Un colchón psicológico que te impulsa. ¿Qué más da llegar el 112 que el 113? El no tener a nadie soplándote en el cogote te reafirma en tu esfuerzo, aunque un pequeño soplo habría sido fenomenal.
El 18 lo dediqué al cálculo: si camino hasta el final, tardaré 30 minutos. Total, llegaré en 1h 15’’, dentro de lo planificado en el peor de los casos. Mientras calculas, haces una reflexión ahora que las neuronas están al límite: “Cuando termine esto, tendré tiempo para descansar y seré feliz por no haber parado”. Hago lo que nunca supe hacer en carrera alguna: mantener la botella de agua en las manos hasta el final. Eso fue mi salvación: dosificarla hasta meta, cual náufrago a la deriva. 200 ml te dan la vida, sorbito a sorbito, ahorrando, ahora que estamos en crisis. Ofrezco agua a un corredor pero la rechaza.
Llegó el 19 y sé que ahora se puede acelerar. ¡Claro! La única vez que ascendí desde Lacalahorra hasta La Ragua fueron sólo 13 km a unas pulsaciones medias de 165. Estamos a 178 y con 19 km en lo que podríamos llamar cuerpo. Si aquella vez pude acelerar, bastante hay con mantenerse como vamos. Son ya una veintena de veces las que he pensado rendirme y me he preguntado qué hago aquí. Si estoy en estas circunstancias es por ser local. No podía dejar de participar en LA CARRERA DE MI PUEBLO.
Último kilómetro y sorpresa positiva: el terreno ha sido recortado y son nada más que 800 metros. Ya veo la gente aplaudiendo y animando. Saco fuerzas del fondo de la Tierra y hago un sprint final de unos 150 metros. Todo un error que luego pagan los gemelos. Pero la emoción de ser aplaudido por los paisanos te hace olvidar lo razonable y exprimir al máximo.

(Tres locales en la cima, tras el esfuerzo)
Tiempo empleado: 2h 5’ 20’’ a una media de 177 pulsaciones y máximo de 182.
Puesto conseguido: alrededor del 80 (confirmaremos próximamente).
Espacio recorrido: 20’8 km.
Media kilométrica: 6’02’’
Kilos perdidos en carrera: 2 Kg
Corredores que han llegado: 198
Tiempo del ganador: Inferior a 1h 30’
Tiempo del 1º local (Superalberto “Jala”): 1h 41’
Tiempo del 2º local (Arturo): 1h 58’
Tiempo de los últimos: 3 horas, aproximadamente (mi mayor felicitación para ellos, que fueron los que más tiempo tuvieron que correr. Además, uno sufría lumbalgia las últimas semanas y lo máximo que ha corrido a pie han sido 5 km, aunque es un aficionado al ciclismo y no quiso dejar en vano su inscripción. El año que viene nos sorprenderá).
Corredores con los que he charlado en el camino: 14.
Corredoras participantes: 5 (unas guerreras)

(Por fin va a terminar este sufrimiento)
Pido disculpas, como calahorreño, por los posibles fallos de Organización cometidos en esta carrera. Seamos conscientes de que las novatadas se pagan. La ilusión que ha puesto el Ayuntamiento en esta carrera es digna de alabanza, teniendo en cuenta que los presupuestos son escasos para tan pequeña localidad y los gastos de organización bastante elevados. Eso sí, las intenciones han sido acoger al visitante y hacerle la estancia lo más agradable posible.

Create avatar-Llegando a meta, sprint finalY ahora viene lo bueno: resulta que soy tan malo que, de los dos locales que participábamos, me quedo el tercero. ¡¡¡¡Y ME SUBO EN EL CAJÓN!!!! (¿Local viene de loco?) Lo siento,
María, pero la vitrina que tenía vacía ya no te la puedo regalar porque tiene un inquilino. Seguro que será el único. El único cajón en el que pensaba montarme en mi vida está en el
POST de mi autoentrevista del pasado domingo, pero…. ¡¡¡LA VIDA TE DA SORPRESAS!!!

(Increíble, pero ahí estoy, como 3º local)
¿Qué hacéis todavía aquí? Pasad página y saltad al
blog de mi mujer, para ver la carrera “desde fuera”. Otra opción es que veáis la aplicación didáctica que hago en el
blog de mi aula de este evento.