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miércoles, 5 de noviembre de 2008

CUANDO CORRO SOY “CHICLISTA”


Hoy, para variar, ración triple: el cumpleaños del contador, un artículo-poema (si es que se le puede llamar así) que he publicado hace una hora atendiendo a la sugerencia de Jesús Lens y el compromiso diario que a continuación sigue. ¿Me haré el compromiso de publicar los miércoles a las 8 de la mañana un "pseudopoema"? Sería muy fuerte de aguantar... Al lío, que se va el tío:

Corremos y sudamos. Perdemos líquidos. Unos más y otros menos. Yo siento una sequedad en la boca cuando corro, que evito mascando un chicle de menta sin azúcar. ¿Por eso algunas me llaman “DEMENTE”? También me gustan “DEFRESE”.

No es que los chicles contengan agua que nos van surtiendo poco a poco. En el acto de mascar, las glándulas salivales generan sus propias secreciones evitando esa falta de humedad bucal.

Todavía no he tenido el percance de tragarme uno de ellos. Sin embargo, en mis entrenamientos, sí que tengo algunas veces avituallamiento sólido. Se trata de pequeños insectos que penetran en nuestros orificios de la cara y que en ocasiones es imposible evitar. Leí hace poco en una revista que, de media, una persona ingiere unos 460 insectos anuales. Eso quiere decir que cada dos días nos tragamos tres insectos. Lo que no tenía en cuenta la publicación es que, seguramente, los runners y “chiclistas” (los que van en “bichicleta”), superamos esa media. Es que ¡¡¡CORRER DA UN HAMBRE…!!!

 
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