(Imagen de "Pink Sherbet")
Algunos bloggers y tuiteros me invitan a participar hoy publicando un post tratando el tema de la convivencia según se convoca en este blog:
Fiel a la cabecera de mi bitácora, enfocaré este artículo intentando justificar por qué procede publicarlo.
Convivir es un deporte y, como tal, hay que entrenarse.
Al nacer pedimos de comer cuando nos apetece, lloramos cuando nos place, hacemos nuestras necesidades en el momento, dormimos o nos despertamos según nuestro ritmo vital…
Pero nuestra familia, grandes entrenadores por naturaleza, nos va acostumbrando a modificar esas conductas para que se realicen en el momento en que a ella le venga bien.
Convivimos con familiares, con una pareja, con compañeros de estudio, de trabajo…
Convivir es magnífico y si alguien lo duda, que siga leyendo.
Gracias a la convivencia comerás aquello que no te gusta pues ni es políticamente correcto ni rentable, elaborar tantas comidas como personas que habitan el hogar. Además, tendrás que comer a la hora de todo el mundo para que quede reflejada fielmente que hay una convivencia.
¿Vemos la televisión? Si te gustan los deportes, tus convivientes dirán que eres un forofo egoísta; ¿te van los reality shows? Te dirán que en esta casa sólo se ven tonterías; si sintonizas un informativo, ¡bastante dura está la vida como para amargárnosla más viendo eso!
Démosle solución y abandonemos la caja tonta. Coges el ordenador y te conectas a Internet. Tus convivientes empezarán a solicitarte y a asediarte a preguntas, las que no te hicieron mientras estabas inactivo. Si hay un solo ordenador, todos empezarán a meterte prisas para que se lo dejes; si hay varios ordenadores, alguien dirá que en esta casa falta la comunicación. ¡Pues mándame un e-mail!
Hemos pasado por la cocina, el salón y el estudio. ¿Vamos al aseo?
No sé si os habréis percatado de que, cuando alguien hace sus necesidades, sus olores son estupendos y agradables. Pero cuando son de otro, la pregunta: ¿qué has comido?... Se deja caer inmediatamente. Si eres hombre, tu “espacio” se quedará relegado a una pequeña repisa de la estantería; si eres mujer, ocuparás la estantería entera e incluso pedirás una más, que aquí no caben “mis cosas”.
Es la hora de dormir. ¿Qué hora? ¿La tuya, la suya o la de los demás? Que si eres un aburrido porque te acuestas pronto, que si ocupas la cama entera, que si eres un trasnochador, que si roncas….
Si andas poco por casa, te dirán que eres un callejero; si no sales de ella, te echarán a patadas por pesado que eres.
A pesar de todo y sin asustarme, convivo mientras haya alguna gente que sea capaz de aguantarme.








