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martes, 5 de mayo de 2009

¡DEL 36!


Jueves 30 de abril y de fin de semana. Los amigos, de fiestas en un pueblo; nadie disponible para salir a la calle… Todo perfecto, definitivamente, para unos días de descanso. ¡¡¡Bien!!! El cuerpo, estupendo para ir a entrenar por la tarde.

De pronto, se escuchan las dos palabras mágicas por las cuales los movimientos sísmicos alcanzan un grado 7 de la Escala de Richter: ¡Vamos a…!

- Grego, vamos a pintar mañana.

Si recordáis, el “vamos a” se llevó a cabo finalmente. Hicimos una obra menor y toca pintura. ¿Qué mejor día para pintar que el 1 de Mayo, Día del Trabajo?

Como no tenemos brochas, allá que me dirijo a una tienda de pinturas cercana a mi casa. Paso junto a una oficina que tiene la puerta cerrada, igual que el local siguiente. Llego a la tienda y, para variar, tiene la puerta cerrada. ¿Qué habrá pasado? Seguramente hay cierta inseguridad ciudadana y ahora los locales mantienen las puertas cerradas por motivos de seguridad. Muchas joyerías, farmacias, etc, mantienen esta práctica. Pero una tienda de pinturas…

Llamo suavemente golpeando con los nudillos en el cristal pero el comerciante está enfrascado con su ordenador y no se percata de mi presencia. Golpeo con más fuerza y no surte efecto. ¿Me habrá visto malas pintas con estos pelos? En fin, lo dejaremos y me iré a la tienda de chinos a ver si tengo más suerte.

¡Oh, oh…! Tres metros más adelante hay otra puerta que está abierta a tutiplén. ¡Qué vergüenza, los 4 minutos que he estado allí haciendo el imbécil en espera de que me abran! Menos mal que la zona no está muy transitada y seguramente no me ha visto casi nadie. Desde luego, el ridículo más espantoso que se puede hacer si llega a haber gente por allí…

Para colmo de males, me da una brocha del 36. Esto me recuerda alguna guerra que hubo por aquí. Y es que cuando el “VAMOS A” se pone en marcha, hay grandes posibilidades de que se declare la guerra en casa. 36, la talla de mis pantalones, la que pronto tendré que buscar en PrÉnatal, la de los que se me caen cada vez que oigo las dos palabritas.

 
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