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martes, 3 de marzo de 2009

ECHANDO HUMO

(Imagen de "cristinaqua")

¡A sus puestos, listos, ya!

Todo el mundo sale echando humo, a toda velocidad, afrontando la carrera que acaba de empezar.

Es simplemente una metáfora que se emplea en estos casos. Pero hoy os voy a hablar literalmente de ECHAR HUMO. Todavía no he visto a nadie fumando mientras participa en una carrera de fondo. TABACO y CORRER son dos actividades bastante incompatibles. Quienes hemos fumado o aún fumamos lo tenemos muy claro.

El tabaco contiene múltiples sustancias nocivas para la salud. Entre ellas se encuentra el alquitrán, el cual tapona el paso del oxígeno a través de los alvéolos pulmonares. Ello se traduce en una sensación de asfixia que se agudiza cuando nuestros movimientos pasan de ser un simple paseo, a ascender una cuesta andando o comenzar a correr.

Quienes entran por aquí, en su mayoría, son teóricamente no fumadores porque practican atletismo. Pero sí que hay quienes tienen ese mal hábito de fumar.

Yo fumaba más de un paquete y medio de tabaco hace 6 años. ¿Cómo pasé a convertirme, en la actualidad, en fumador social?

1º.- El abandonar el hábito de fumar sólo tendrá éxito por una sola causa: el propio convencimiento de que deseamos dejarlo. Si no lo tenemos claro, seguro que reduciremos el consumo temporalmente, pero volveremos a recaer incluso con más adicción.

2º.- Una vez convencido de que quería dejarlo me planteé el método.

a) En primer lugar hice una reflexión de cómo había llegado a tal estado: comenzando por un cigarrillo esporádico, uno diario, 3 diarios,… hasta llegar a esos 30 cotidianos.

b) Aunque sabía que existían diferentes medios para abandonar este hábito, utilicé uno PROPIO consistente en realizar un proceso inverso: ir reduciendo paulatinamente este consumo hasta prácticamente llegar a la absoluta abstinencia.

c) El primer día anoté cada uno de los cigarrillos fumados y la hora a la que los encendía. Fumé 18, reduciendo en 12 mi consumo habitual en un solo día.

d) El siguiente me planteé cuál de esos 18 podría eliminar, pasando a 17.

e) Comprobé que había períodos en los que estaba 2 horas seguidas sin fumar y otros en los que fumaba 3 cigarros en una hora. A partir de ahí decidí matemáticamente distribuir en períodos iguales la dosis de nicotina. ¿Cómo? Contabilizando las horas del día y dividiendo los minutos que iba a estar despierto entre los cigarros que me iba a fumar. Podía coincidir el fumar un cigarro antes de comer y el siguiente media hora después del café. De esta manera disociaba acciones muy relacionadas con el tabaco: la cerveza, el café, el hablar con los amigos…

f) Así fui haciendo sucesivamente: cada día un cigarro menos y el planning para el día siguiente para controlar a qué horas tenía que dar la dosis de nicotina para que el cuerpo se habituara a ir reduciendo el consumo poco a poco.

g) Procuré no sustituir el tabaco por otras sustancias como caramelos, chicles, etc para no dejar una adicción y comenzar con otra. De esta manera lo conseguí con facilidad y sin sentir el temido “mono” o síndrome de abstinencia.

h) De todas formas, cuando se abandona el consumo de tabaco, los sabores y olores los percibes con mayor intensidad y el apetito se despierta vorazmente. Pasé a engordar, en 6 meses, 6 kilos de más.

Actualmente peso 6 kilos menos que cuando fumaba. Es decir, peso 12 kilos menos del tope alcanzado tras disminuir el hábito del consumo de tabaco. Pero eso es una historia que dejo para otro día. Ahora, aunque no debería, sólo consumo esporádicamente alguno que otro.

Aunque el hábito lo tengo bastante controlado, tengo una cosa clarísima para estar alerta ante este gran enemigo:

FUI, SOY Y SERÉ FUMADOR DE POR VIDA


 
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