El fin de semana pasado me “invitaron” en Fiñana a la Clausura de los Juegos Deportivos Provinciales que organiza la Diputación. En otras ocasiones me han llamado porque hay pocos padres que participen. Echamos un partido de fútbol sala con los alumnos/as del Instituto, voleibol, etc. Lo pasamos bien.
Por la edad que ya tenemos, mi mujer me dice:
- ¿Dónde irás, Alfonso XII? ¡A ver si te lesionas para la carrera de Lacalahorra!
Lo de menos es que corra. Lo importante es que, si vamos a la carrera, nos juntaremos con bastante gente y pasaremos un buen día.
Total que a las 9 y media ya estaba yo con mi hija en el pabellón deportivo, preparado para hacer deporte. Como sé lo que puede ocurrir, hago calentamiento dando una vuelta al pueblo (3,7 kilómetros). Cuando vuelvo me dice alguno:
- Si yo llego a hacer eso, ya me tengo que volver a mi casa.
Y surgen los comentarios de siempre: “el año que viene vamos a organizarnos y vamos a salir a correr por las tardes”. ¡Claro! Como dijimos eso la última vez, este año hemos ido 5 a correr juntos: yo, mí, me, conmigo y Gregorio.
Primero hay una gymkhana con saltos, zig-zag, vallas... ¿He dicho vallas? ¡¡Pues VAYA!! No vi las vallas y me las llevé por delante. La pena que no lo grabaran pues no fue de vídeos de primera, sino de primerísima. Resultado: dos rodillas hechas polvo y golpe en la cabeza con rozadura incluida.
Ya que estábamos, ¿quién abandonaba? Tocaba fútbol sala. Tengo la suerte de caer en un buen equipo y vamos eliminando a todos los que entran. Alguno se “pica” y… ¡golpetazo en el pecho! Me duele bastante una costilla y no sé si estaremos en condiciones para la carrera. Un concejal también se lesionó.
Luego voleibol, bocadillos, más voleibol… A las 5 de la tarde a casa a “desparramar” el cuerpo en el sofá.
¡Si ya te lo dije! ¡Que no estás para estos trotes! ¿Dónde vas, Alfonso XII?