sábado, 16 de febrero de 2008

Corazón y pulsómetro

Continuando con la indumentaria o disfraz que solemos ponernos los runners, pasamos al que considero casi fundamental: el pulsómetro. Y cuando digo fundamental es porque he llegado a volverme a casa algún día y no he corrido por haber olvidado el pulsómetro.

Básicamente, un pulsómetro es un dispositivo que nos va marcando el ritmo cardíaco. Cuando estamos en reposo, nuestras pulsaciones por minuto están a un ritmo bajo puesto que el organismo necesita poco bombeo de sangre. Dependiendo de cada persona, estas pulsaciones pueden oscilar normalmente entre 40 y 80 pulsaciones, dependiendo del tamaño del corazón, de si se es fumador, incluso de nuestro tamaño corporal. Así, un deportista bastante entrenado tiene el corazón más grande, con lo cual con pocas pulsaciones atendien la demanda energética que le pide el cuerpo. A un cuerpo muy grande se necesita un mayor aporte energético y por ello un aumento de pulsaciones. Todo esto son los conocimientos intuitivos que dispongo según he ido leyendo por aquí y por allá, sin poder aferrarme a estas afirmaciones pues no soy médico.

Cuando pasamos a la acción deportiva, nuestro desgaste energético hace una demanda de oxígeno que ha de ser suministrado a los músculos a través del sistema circulatorio. Por ello aumentan las pulsaciones de nuestro corazón. Dependiendo de la duración e intensidad del esfuerzo ejecutado, las pulsaciones pueden llegar a 130-160 pulsaciones (actividad física moderada) o incluso a 180-195 (picos de actividad muy intensa como una carrera o un sprint final). Todo ello en función de muchos factores entre los que cabe destacar la edad de la persona y su estado físico.

Hay una norma general que indica que no debemos sobrepasar el límite de 220 pulsaciones menos nuestra edad. Pero esto es un indicador general. La mejor forma de controlarnos es observar nuestro propio cuerpo, el cual nos avisa de que estamos llegando a un umbral de peligrosidad en forma de "cansancio". Y es que el cuerpo suele ser inteligente; igual que los coches marcan la zona de exceso de revoluciones, así hace nuestro cuerpo.

Para aquellos que se inician, un pulsómetro es una herramienta que les puede ayudar a no sobrepasar esos 220-edad. De esa forma está la cosa un poco controlada. Y digo un poco controlada puesto que, incluso los profesionales no están a salvo de una muerte súbita pese a pasar los controles que realizan. Cuando comenzamos a usar el pulsómetro, en pocos días podemos ver en qué nivel de pulsaciones nos acercamos al cansancio físico. Una vez conocido tal, programamos nuestro pulsómetro para que nos avise un poco antes de llegar a esas pulsaciones y así podemos mantener un ejercicio más prolongado sin sufrir agotamiento. Y es que, el comienzo de la carrera solemos hacerlo más fuerte de lo adecuado porque nos sentimos con fuerza; pero si mantenemos ese ritmo, las pulsaciones se elevan rápidamente y esto nos hace abandonar, con frecuencia, antes de lo previsto.

Los pulsómetros podemos encontrarlos por precios bastante dispares, dependiendo de marcas y funciones que marquen. El mío, concretamente, me costó 20.000 de las antiguas pesetas y puede llegar a marcar 50 tiempos parciales, muy útiles cuando hacemos series.

2 comentarios:

JMC dijo...

Yo no soy mucho de pulsómetro, pues aunque lo lleve casi nunca le hago ni caso, mas bien me muevo por sensaciones...

Sonia Natalia Mila dijo...

Si quieren entrenar a conciencia visiten el cuadro de esta web, es oficial de Polar www.universogym.com.ar

 
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